Gestionar contraseñas: olvidate de memorizar claves.

Emails, perfiles de redes sociales, banca online, tarjetas, apps de productividad, gestores de tareas, webs, servidores de hosting, shopping,… No sé vosotros,  pero yo hace un par de años llegue a un punto de colapso mental. Tenía 2 o 3 perfiles diferentes, y cuentas en al menos 20 sitios distintos. Ya no era capaz de tirar más de memoria, ni era plan ir a todos lados con la libreta.

¿Como gestionáis vuestras contraseñas?

El caso es que quien más o quien menos tiene una o varias cuentas de correo electrónico, perfiles en varias RR.SS (facebook, twitter, instagram,…), en portales de compras (amazon, aliexpress, ebay, zara,…), de entidades bancarias, de administración, etc.

La mayoría somos usuarios de google, por lo que con nuestra cuenta de gmail, o la de facebook, que son como un pase Vip, podemos registrarnos en casi todas las plataformas de manera directa con un par de clicks.

Pero cada vez resulta más complejo, y ya no nos sirve el mismo usuario para cualquier plataforma, y mucho menos el password. Y es que en cada portal nos piden algo distinto:  claves de mínimo 6 caracteres, de 8, de 12,  letras y números, mayúsculas y minúsculas, caracteres especiales,… ¡Un follón!

Yo al principio me dedique a plantear trucos nemotécnicos; mezclando las primeras letras de la plataforma con un número con significado para mí, una misma palabra con una serie numérica que representaba niveles de seguridad,… pero llegue al punto de no saber por donde andaba.  Estaba continuamente recuperando contraseñas. 

¡Pero llegó la solución!  Y vino tras comentarlo con un amigo, que me recomendó que utilizase un gestor de contraseñas online.

¿Os resulta familiar?

Casi todo lo que aprendemos hoy del ámbito online viene apadrinado por la experiencia de algún amigo, o de alguien a quien seguimos en alguna red social o blog. Quienes se adentran, como exploradores modernos, en terrenos desconocidos y vuelven para contárnoslo. La web tiene mucho de terreno desconocido, y la mayoría de la gente no quiere, no sabe, o simplemente, no tiene tiempo para bucear en ella, por lo que se limitan a manejar un correo electrónico y algunas redes sociales.

Curiosamente el marketing ya se ha ocupado de ponerle un nombre a estos exploradores: los llama early adopters, por ser los primeros en usar y adoptar nuevas aplicaciones. Son importantes para cualquier marca porque muchos son también influencers: personas que tienen cierta credibilidad en RR.SS dentro de una temática o sector y, por tanto, pueden ser prescriptores de la misma.

Un problema menos para nuestra memoria.

La multitarea permanente en la que vivimos bloquea nuestra memoria, o dicho en plan científico:

La conmutación de tareas tiene un enorme coste neurobiológico, gasta mucha energía e impide trabajar a nuestro hipocampo, que es fundamental para los procesos de memorización y aprendizaje.

Así que no nos viene mal eliminar esos ejercicios de memorización de claves, o la dichosa lista de tareas diarias (la gestión de tareas diaria también se merece un futuro post).  Yo lo hago desde hace un par de años. Y tengo todas mis contraseñas almacenadas en una base de datos de un gestor de contraseñas multiplataforma por ahí por la nube.

Opciones hay muchas: lastpass, 1password, keypass,… Yo utilizo Lasspass.  Y puedo usarla desde desde cualquier dispositivo con su app correspondiente, por lo que solo tengo que recordar una clave. Me rellena automáticamente usuario y password de acceso en todos los portales. También me sirve para rellenar formularios o solicitudes online de cualquier tipo, sin tener que estar pasando de una casilla a otra.

La única pega es que es de pago. Pero no todo tiene que ser gratis en la web. Y esto es una garantía de calidad en cuanto a la seguridad servicio. En cualquier caso son 11€ al año, así que cada cual que valore lo que considera caro o barato.

También hay gestores gratuitos.  Pero para eso, puede ser más seguro utilizar los navegadores web (chrome, safari, edge, mozilla, opera,…), que cuentan también con la posibilidad de guardar nuestras contraseñas.  Son una opción muy válida. De hecho, es más fácil que nos roben la contraseña de nuestro equipo físico que de algunos de estos servicios online.

Si utilizais el navegador web para gestionar vuestras contraseñas:

 

  • Cerrar siempre las sesiones. A mucha gente se le olvida cerrarlas y en caso de perder el equipo o abrir sesión en equipos públicos o de amigos ponemos en peligro nuestra privacidad.
  • Y en los dispositivos portátiles como ordenadores, smartphones o tablets, podéis activar el mecanismo de seguridad de acceso al sistema cada vez que el aparato entre en hibernación o se apague la pantalla. Y limpiad la pantalla de vez en cuando que se suele ver muy facilmente la clave del desplazamiento tactil.

Otro problema es que las plataformas no son compatibles unas con otras: con gmail de google podemos logearnos en casi cualquier sitio, pero con outlook de microsoft por ejemplo no hay manera. Los apple ni os cuento, con la excusa del entorno seguro son los más exclusivistas, y no riman con nadie.

Ya sabéis que estamos en la era multidispositivo. Yo concretamente utilizo un portátil Window, una tablet Apple y un smarphone Android.  Así que para mi lo más cómodo ha sido un gestor de contenidos que cuenta con extensiones y apps para cualquier plataforma.

Pero al final todo es una cuestión personal. Cada cual debe buscar lo que le resulta más cómodo y mejor se adapte a sus necesidades.  Entiendo que en muchas ocasiones nos estamos complicando más de lo necesario porque siempre aparece una tecnología nueva que vuelve inútil a la anterior. Con el ipad  y su lector de huellas ya accedo, entre muchos portales, a mi cuenta de banco. Pero es el placer del aprendizaje.

Si todavía no os fiáis de un gestor de contraseñas, además de suerte, os recomiendo:

 

  • Utilizar contraseñas que tengan más de ocho dígitos. Cuantos menos caracteres tenga una clave, más fácil es romperla.
  • No usar datos personales, o al menos no directamente. Nunca uses tu nombre usuario o nombre real como contraseña.
  • Usa símbolos, números, y mayúsculas.  Mezclar números y letras es lo mejor. Si utilizamos sólo números cualquier robot puede descifrarla. Y las palabras siempre tienen una conexión simbólica con nosotros que puede facilitar que la descubran. Pero si además utilizamos símbolos (#», «$», «&» o «%), dificultamos el trabajo de piratas informáticos y robots.
  • NO UTILIZAR LA MISMA CONTRASEÑA PARA TODO. Es lo que hace la mayoría de la gente. Se pueden establecer variables o pistas que nos ayuden según la plataforma.  Además es importante cambiarlas cada cierto tiempo.
  • Tenerlas todas apuntada. Esto es algo muy común, aunque un poco engorroso, porque cada vez que vayamos a acceder al servicio tenemos que tirar del documento, pero no deja de ser el método más seguro. ¡Ay, el papel!

 

Mi próximo post: Dioses en la web (I): facebook

La innovación abierta. Generando ecosistemas de colaboración

Antes de nada me gustaría presentarme; ya que mi colaboración en este sitio va tener carácter habitual. Pues bien soy Luis Delcán,  soy consultor experto en innovación y transformación digital, tecnologías sociales y turismo. Llevo más de 15 años, asesorando y formando a profesionales y emprendedores en los valores y usos de la nueva economía y las nuevas formas de gestión empresarial y trabajando en proyectos de desarrollo turístico. Actualmente soy socio consultor en Planitur Consultores, además de administrador y trabajador de la empresa Classic Sail SL.

Para este primer post he elegido como tema La Innovación Abierta aplicado a los negocios, ya que este concepto es un nuevo paradigma de funcionamiento en las empresas, donde éstas van más allá de los límites internos de su organización y donde la cooperación pasa a tener un papel fundamental.

Pero antes de nada trataré de explicar lo que es para mi la innovación. Existen multitud de definiciones, pero a grandes rasgos se trata de romper las barreras y establecer una nueva frontera para ir donde nadie fue antes, es decir, tomar riesgos, crear nuevos mercados, realizar las cosas de manera diferente.

De la innovación cerrada a la innovación abierta

Hace apenas unos pocos años la gestión y, sobre todo, la investigación y el desarrollo de las empresas, seguían un modelo de innovación cerrada, porque no compartían el conocimiento y así es como se enriquecían.  Aún muchas empresas, sobre todo las grandes, siguen con el modelo cerrado.

Tradicionalmente los proyectos de investigación se gestionan exclusivamente con el conocimiento y los medios de la propia organización. Bajo este modelo clásico, los proyectos sólo pueden empezar en el interior de la empresa y terminar en su propio mercado.

Sin embargo, en el contexto actual en el que el conocimiento está ampliamente distribuido, en el que gracias a internet, a las comunicaciones, el conocimiento fluye, se democratiza y se pone al alcance de todos. Las empresas no pueden permitirse depender enteramente de su propia investigación y deben recurrir a procesos de innovación abierta, donde los proyectos pueden originarse tanto dentro como fuera de la empresa, pueden incorporarse tanto al principio como en fases intermedias del proceso de innovación, y pueden alcanzar el mercado a través de la misma compañía o a través de otras empresas (licencia de patentes, transferencias de tecnología, etc.)

La innovación abierta nos permite crear un ecosistema, unas alianzas entre socios que colaboran. Las empresas se asocian, cooperan, comparten activos para minimizar los riesgos. Cuando cooperamos podemos llegar más rápido porque todos están empujando y eso nos hace avanzar, darle velocidad al mercado, de esta forma los ecosistemas se hacen fuertes y nos hacen más resilientes.